Historia del edificio de la Embajada

El edificio de la Embajada Rusa en Uruguay, que está ubicado en Bulevar España, en la zona céntrica de Montevideo, es uno de los notables monumentos arquitectónicos de la ciudad. La antigua URSS comenzó a arrendarlo a partir del año 1944, inmediatamente después que fueron reanudadas las relaciones diplomáticas entre los dos países, y en 1955 el edificio fue adquirido en propiedad por el gobierno soviético.

El propietario de la casa era un famoso financista y conocedor del arte Fernando Darnaud. Sus antecesores eran los nobles franceses d'Arnaud, quienes tenían el título de condes. Ellos se vieron obligados a abandonar Francia en la época de la Revolución de 1789 y así emigrar a Inglaterra. Al perder sus tierras, sus bienes, al tornarse políticamente sospechosos (el abuelo de F. Darnaud era royalista y luchó contra Napoleón), sin esperanzas de regresar a la Patria, la familia del conde decidió buscar su fortuna en la lejana Argentina adonde se trasladó a principios del siglo XIX.

 

Fernando Darnaud nació en Argentina probablemente entre los años 1863 y 1869 (su fecha exacta de nacimiento siempre era un misterio para la familia, por ciertas razones Don Fernando trataba de disminuir su edad). Ya en su infancia el futuro financista se impregnó del amor hacia el arte y la cultura europea. Desde la edad de 8 años él se educaba en Marsella en la familia de parientes ricos que se quedaron en Francia. Recibió la educación en un colegio Jesuíta. Al regresar a la Argentina a la edad de 20 años, Darnaud se ocupó de la actividad empresarial: hacía negocios con tierra, bienes inmuebles y jugaba en la bolsa. A finales de los años 1890 se trasladó a la ciudad de Salto que está en el norte de Uruguay, donde adquirió algunas parcelas de tierra. Luego se instaló en Montevideo. Los negocios de F. Darnaud marchaban con éxito, fue un talentoso jugador de bolsa, tenía un "olfato" especial para estas cosas, su fortuna aumentaba constantemente.

A principios del siglo XX, Montevideo vivía la época de prosperidad. Al ganar fortunas gracias a las ventas de carne, lana y cuero a los países europeos involucrados en la Guerra Mundial, los empresarios uruguayos invitaban a los mejores arquitectos italianos y franceses, pintores, conocedores del arte y construían "como en Europa". Al mismo tiempo a partir de los años 70 del siglo XIX aumentaba el flujo de los emigrantes, especialmente de Italia, España, Francia, Rusia. Entre ellos estaban talentosos artesanos, constructores, carpinteros, ebanistas, tejedores, grabadores y tallistas de madera, sastres, tapiceros de muebles y agrónomos. Todos ellos dejaban el Viejo Continente desgarrado por las controver­sias y guerras en busca de "mejor vida", de nuevos horizontes. La ciudad cam­biaba rápidamente: de un puerto perdido en el rincón del mundo se convertía en el "suburbio latinoamericano" de Europa, donde aparecían sus "plazas parisinas", "palacios italianos", "fuentes españolas", "parques ingleses".

 

En aquella época muchas familias uruguayas de las clases media y alta viajaban con toda su familia por las capitales europeas. A menudo los hijos se quedaban para estudiar y los propios padres se quedaban seis meses o más. Regresaban cargados de múltiples objetos de arte, de los cuales Europa, arruinada por las guerras, tuvo que despedirse.

Al Uruguay ingresaban de esta manera cuadros de famosos pintores europeos, porcelana de las mejores fábricas francesas y alemanas, alfombras persas hechas a mano, piezas y juegos chinos, objetos de artesanía antigua de Egipto, muebles de gran valor de diferentes épocas, cristales de Venecia, Francia, esculturas de mármol italiano y... es difícil enumerar todo.

Precisamente durante estos años aparecen en Montevideo lujosos palacios y residencias con unos interiores exclusivos gracias a su riqueza y fino gusto. Una especial atención merecen los espléndidos edificios de los organismos estatales, entre ellos el Palacio Legislativo, construido en 1925. Con el propósito de la construcción de este Palacio, venían en aluvión a Montevideo diferentes artesanos y operarios europeos. Muchos de ellos se quedaron en el Uruguay para siempre y formaron parte de la mano de obra altamente calificada.

 

Fernando Darnaud era propietario de varias casas en Montevideo. Su residencia principal, construida en 1922, estaba ubicada en el centro de Montevideo y asombraba a los visitantes por su lujo y esplendor arquitectónico (lamentablemente este edificio de tres plantas ya no existe). Es interesante leer las páginas amarillentas de la revista "Anales", que se editaba en Montevideo en los años 1920 - 40, sobre la riqueza del interior de esta casa y sobre el propio dueño, "una persona de cultura ejemplar, de gusto fino y de profundos sentimientos". Es necesario mencionar que Darnaud se ocupaba con dedicación a la actividad benéfica, ayudaba a los desdichados, construyó una iglesia con su propio dinero y fundó el Banco Popular.

En 1915 - 20 el financista compró grandes terrenos en el barrio Pocitos, que en aquel entonces era uno de los suburbios alejados de Montevideo, un balneario de prestigio, donde veraneaban argentinos y uruguayos ricos. La familia de Darnaud ya contaba con cinco hijos y el padre de la familia tenía intenciones de construir mansiones para cada uno de ellos.

 

En 1926 a 500 metros de La Plata comenzó la construcción de la nueva residencia. El proyecto fue encargado a un arquitecto uruguayo de procedencia italiana Horacio Azzarini, y la construcción - al ingeniero José Figueroa (Azzarini - es un famoso arquitecto uruguayo, autor de muchas casas en Pocitos, que en los años 1980 fueron declaradas patrimonio nacional del Uruguay).

Un año después - en 1927 - el edificio estaba listo. El año de la construcción se puede leer en el vitral que decora el hall del piso superior de la residencia. Al lado fueron construidas mansiones pequeñas para los hijos y parientes (permanecen hasta la actualidad, pero en su mayoría están abandonadas).

El edificio se construía con el empleo de los métodos más avanzados de su tiempo, fue equipado con diferentes novedades técnicas, de las cuales Darnaud estaba muy orgulloso. Así, en todos los cuartos se instalaron radiadores de calefacción (este sistema funciona hasta la actualidad), los cuartos de baño fueron hechos de acuerdo con los últimos logros de la tecnología de los años 1920, funcionaban teléfonos internos. En el sótano se encontraban una sala de cine, un gimnasio con ring de boxeo y otras instalaciones; de Inglaterra fue traída una mesa grande de billar (se preservó hasta la actualidad).

La pasión por la civilización tenía de vez en cuando un carácter exagerado: las pomposas chimeneas, en los salones de la planta baja, en realidad son falsas - detrás de las rejas de bronce están los calefactores. (En Montevideo, en muchas casas viejas y también nuevas, las chimeneas funcionan y esto no es ninguna casualidad - el calor y la comodidad del fuego abierto, ayudan a sobrevivir el invierno húmedo).

 

La residencia está construida en el estilo neoclásico que caracteriza a los palacios italianos. Se revela en la simetría rigurosa de la fachada monumental, en las esbeltas filas de las ventanas en forma de arcos, en la elegante terraza lateral con una ligera columnata de arcos, en un saledizo semicircular con el solemne balcón encima. Al mismo tiempo las formas neoclásicas se combinan con algunos elementos del estilo modernista, que caracteriza las imágenes arquitectónicas de los años 20 del siglo XX. Durante la construcción se usaban los materiales nacionales e importados, en particular, se empleaba ampliamente el mármol, incluso especialmente traído de Italia.

 

La familia de Darnaud vivía en la mansión en el Bulevar España solo durante dos meses de verano - en enero y febrero. Es por esto que después que los hijos crecieron y partieron, fue tomada la decisión de alquilarla. El hecho de que Darnaud alquiló su residencia a la embajada soviética provocó muchos rumores en la capital, la prensa escribía con benevolencia e interés sobre la llegada del ministro plenipotenciario Sergei Orlov y no escatimaba elogios a la rica decoración artística de la casa.

La imagen arquitectónica externa, así como muchos detalles de la decoración interior, junto con los muebles, objetos de arte, se conservaron durante estos años. Lo confirman las viejas fotografías hechas en 1944, cuando la casa fue alquilada a la Embajada.

 

Entremos en la residencia por la escalinata de granito, decorada por los vasones de bajo relieve traídos de Italia.

El hall del edificio es monumental y solemne. El azulejo geométrico del piso de mármol le trasmite la frescura y severidad. El techo tiene una estructura pseudotallada. Está pintado con las volutas geométricas en combinación de colores azul y crema. El semicírculo de la escalera calada con la reja de hierro forjado y labrado, lleva a la planta alta.

Tanto la reja como la araña y el farol encima de la escalera, están ejecutadas en el mismo estilo y contrastan armónicamente con los pesados y sólidos muebles - valiosas obras de los artesanos uruguayos del principio del siglo XX.

Una inmensa mesa tallada de ébano es una verdadera pieza de arte. De la misma índole son los grandes sillones con altos y rectos respaldos.

 

Al lado de la puerta de entrada están otros objetos que son muestras de la maestría de los tallistas uruguayos: un baúl, un portaparaguas, las banquetas, una elegante vitrina donde actualmente están expuestos los objetos de artesanía popular rusa. Las elegantes curvas del espejo hecho en el estilo barroco se combinan orgánicamente con el motivo floral de la reja de la escalera y con el tallado en forma de hojas y pájaros en los muebles.

 

El salón principal de recepciones, pintado al estilo del bajo Renacimiento, une los tres espacios por medio de los arcos. En las paredes y en el techo están las pinturas con temas de la mitología antigua, unidas en un conjunto por las decoraciones florales. El autor de las obras sobre las telas (que fueron tensadas y colocadas sobre las paredes y el techo), y de los tapices fue un pintor italiano Dominico Giordone (1899 -1970), que se instaló en Uruguay después de la Primera Guerra Mundial. Por encargo de Darnaud el trabajó sobre la decoración de la casa.

 

Arcos, vitrales, el mármol de la chimenea, el pálido bronce de la reja, las inmensas arañas de cristal transmiten al salón una especial suntuosidad. El espejo que está encima de la chimenea hace la sala más prolongada y refleja la luz de las lámparas y los cuadros. Los portales, los frisos, los arcos están decorados con un tallado fino.

 

Se preservaron los muebles en el estilo de Luis XV. El piano "Stainway" del año 1899 está integrado de una forma elegante en un rincón de la sala y está iluminado por la suave luz de la lámpara de bronce antigua. Los cuadros de los famosos pintores rusos combinan con todo el ambiente del salón. Están completados por objetos de decoración: por la figura de "Musa" en bronce, por la cabeza de mármol del Baco, por los jarrones japoneses de porcelana. Los pisos de parquet de valiosas maderas, alfombras, los colores naturales de terciopelo de los sillones y los sofás crean una atmósfera solemne.

 

A diferencia del salón principal lleno de luz, el interior del comedor fue hecho con el empleo de los tonos del color rojo oscuro. Tiene ambiente de cámara y es muy acogedor. El color de azafrán predomina, precisamente de este matiz es el mármol traído de Egipto por el mismo Darnaud. Los artesanos uruguayos han tallado de este mármol, un juego de la chimenea y el "dressoir". El color de las paredes y del tapiz de los muebles del comedor está en plena armonía con el azafrán del mármol.

 

Un espejo grande está sobre la chimenea. En él se refleja todo el comedor y el techo, pintado con motivos de la época antigua. El reloj inglés con las figuras de caballeros de hierro forjado decora la balda de la chimenea, al lado están dos vasones italianos de mármol estilo imperio. Sobre las paredes del comedor había muchos cuadros de afamados artistas nacionales y extranjeros y nacionales, que quedaron en la propiedad de la familia Darnaud cuando la casa fue adquirida por la Embajada rusa. En 1971, después de la muerte de la viuda de Darnaud, durante tres días en un remate de Montevideo, se vendían los objetos de arte, reunidos por su marido. Actualmente en el comedor existen cuadros de varios pintores rusos - obras pertenecientes a los años 1940 e inicio de los años 1950. Su vivo colorido crea un excelente contraste con las oscuras paredes del local.

 

Buena parte del mobiliario se conservó. Es interesante ver en las mesitas especiales de terciopelo para cubiertos y vajilla, las etiquetas con viejas direcciones de los artesanos y sus talleres. Estos talleres ya no existen, en su lugar en la parte vieja de Montevideo ahora se encuentran los bancos y las oficinas, y solo los antiguos habitantes recuerdan con orgullo los muebles valiosos que se hacían en Montevideo en los tiempos pasados y admiran el hecho que en la Embajada Rusa estos objetos se preservan con cuidado y se restauran.

 

Una puerta alta en forma de arco lleva del comedor al jardín donde se preservan aún la escultura de parque traída de Italia y bancos pesados de mármol. Hace algún tiempo este jardín parecía amplio pero actualmente se ve apretado por los altos edificios que rodean la Embajada. En los canteros, como en tiempos antiguos aún florecen rosas durante todo el año (cerca de 70 arbustos que se renuevan constantemente) y crecen diferentes árboles y matas - pino, roble, palmas, limones, el granado, rosas chinas, azalea y jazmín. Los funcionarios de la Embajada intentaron plantar abedules, pero no se aclimataron - el mar está demasiado cerca y los abedules no soportan el viento marino por su sal. Dos cipreses esbeltos que subrayan aún más el estilo neoclásico de la arquitectura de la Embajada, adornan la entrada al edificio.

 

El edificio de la Embajada fue declarado patrimonio histórico del Uruguay. Es un monumento a todo un período de la vida del país, es el reflejo de la arquitectura uruguaya de los años 1920, cuando Montevideo era una de las ciudades más lindas de América Latina. Rusia hace todo lo posible para mantener la imagen arquitectónica de su propiedad. En 1989 los interiores de la residencia, las pinturas murales y los muebles fueron restaurados por el grupo de especialistas que llegaron de Rusia especialmente con este propósito. Importantes trabajos de restauración de algunos objetos del interior fueron llevados a cabo por la Embajada en los años 1999 y 2000. Cada año en setiembre, en el Día del Patrimonio Nacional, Rusia con hospitalidad abre las puertas de su Embajada para todos los que desean visitar esta casa, cuya imagen artística y arquitectónica ocupa un importante lugar en la vida espiritual de la sociedad uruguaya.

 

Autor: Elena Astakhova

Fotografías: Santiago Chaer